Santovenia, Onzonilla y Vega de Infanzones, tres municipios del alfoz de León

Santovenia de la Valdoncina, Onzonilla y Vega de Infanzones situados de norte a sur por ese orden, son tres municipios que conforman la parte más sureña del alfoz de la ciudad de León.
El municipio de Santovenia de la Valdoncina se encuentra a nueve kilómetros al suroeste de la capital y tiene una situación privilegiada en cuanto a las comunicaciones. Se encuentra al pie de la autopista Campomanes-León y de la que une León con Benavente (dirección Madrid y Galicia) así como accesos directos a la autopista León-Astorga y a la ronda sur de León, lo que hace que la zona se ofrezca como un punto estratégico sin igual para la distribución final. Componen el municipio cinco núcleos urbanos que han sabido repartirse el protagonismo quedando Quintana de Raneros (Quintana-Raneros) y Villanueva del Carnero con la paz y tranquilidad de la vida residencial, Ribaseca y Villacedré se quedan con la condición industrial y Santovenia de la Valdoncina con la capitalidad del municipio. La población total es de 2014 habitantes (año 2016).
Como elementos más destacados señalamos:
En Quintana de Raneros, una casa-solar de dos plantas realizada en sillería de piedra arenisca conformando un arco de medio punto. Las bodegas (también llamadas cuevas) que suelen ser además centro de la mejor gastronomía casera. Y las iglesias parroquiales de las 5 localidades, de diferentes siglos y estilos.
La proximidad a la capital de la provincia, el hecho muy relevante de ser una zona de expansión residencial de la misma y ser a sí mismo, un municipio proveedor de infraestructuras industriales y de transporte, particularmente el ferrocarril, confieren al municipio de Onzonilla un papel muy singular, de importancia para la economía provincial, para la propia economía municipal y que afecta de manera muy notable al planeamiento de la vida municipal. Antimio de Abajo, Onzonilla, Sotico, Torneros del Bernesga, Vilecha y Viloria de la Jurisdicción configuran el término municipal sumando una población de 1790 habitantes (año 2016). Lo más interesante para conocer son las iglesias parroquiales de cada localidad, especialmente la de Vilecha, la cual sorprende por la gran cantidad de arte que atesora y sus grandes proporciones.
Dentro de los límites del municipio de Vega de Infanzones, confluyen el río Bernesga y Torío. Estos ríos han facilitado el regadío en los pueblos del municipio. En el pasado se cultivaba el viñedo del que han quedado numerosas bodegas, algunas reconvertidas como merenderos privados. Grulleros, Vega de Infanzones y Villadesoto forman el actual municipio, contando con una población de 883 habitantes (año 2016). Como elementos más importantes cabe señalar el gran molino de Grulleros, cuyo sistema de molienda es de gran perfección, las iglesias parroquiales de cada pueblo y los palomares con los que nos podemos topar por la superficie de Vega de Infanzones.

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Balboa, el encanto de Ancares

Situado a los pies de la sierra de Ancares, con una extensión de 51,04 km² y una altitud media de 950 metros, por donde discurre el río Balboa, que da nombre a la capital del valle se encuentra Balboa.
El municipio comprende en la actualidad 17 pueblos distribuidos a lo largo del valle de Balboa: Balboa, Chan de Villar, Cantejeira, Castañeiras, Castañoso, Fuente de Oliva, Lamagrande, Parajís, Pumarín, Quintela, Ruideferros, Ruidelamas, Valverde, Villafeile, Villanueva, Villariños y Villarmarín contando con una población total de 322 habitantes (año 2016). Son pueblos recostados en las laderas de las montañas, separados por pequeños valles, integrados en un variado paisaje arbóreo dominado por cuidados sotos de castaños y abundantes y espontáneos robledales.
 La arquitectura popular de Ancares, las pallozas, está presente en muchos de ellos. La agricultura y sobre todo la ganadería son la forma de vida predominante de los habitantes de este municipio, diversificando y complementado estas, con las derivadas del desarrollo agroturistico de la comarca.
Respecto a su arquitectura sobresalen:
La iglesia de Santa Marina, de origen románico del siglo XVI, y el castillo de Balboa que fue propiedad del Conde Lemos y el Marquesado de Villafranca, testigos ambos de cruentas batallas entre señores y vasallos y de trifulcas entre leoneses y gallegos. La arquitectura tradicional es todavía muy visible en algunos pueblos, marcada por una agricultura y ganadería de subsistencia que hacen de la palloza y el hórreo las herramientas idóneas para la supervivencia. Algunas de esas pallozas sirven hoy para el encuentro de las gentes entorno al fuego y la mesa y fueron detonantes para la creación de servicios turísticos.
El auditorio. A espaldas del castillo y en lo que ha sido una cantera tradicional del pueblo se ha excavado un auditorio que sorprende por su grandeza e integración en el entorno.
También destacan las casas con corredores de madera. Las más significativas son: la casa de la Señora y la casa de las Gentes.
En Parajís sobresale por su austeridad la ermita del Santo Ángel de la Guarda y el palomar, mientras que en Cantejeira destaca su iglesia parroquial. También despunta en Villafeile la iglesia de la Santa Cruz, del siglo XVII.
 
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Soto y Amío, encrucijada de caminos entre Omaña y Luna

Soto y Amío es un municipio  a caballo entre las comarcas de Omaña (Camposalinas, Carrizal, Irián, Santovenia de San Marcos, Lago de Omaña, Soto y Amío, Villaceid y Villayuste) y la de  Luna (Bobia, Canales, Garaño, La Magdalena y Quintanilla). La cabeza de ayuntamiento la ostenta la localidad de Soto y Amío, aunque la mayor parte de la población reside en las localidades de Canales y La Magdalena.
Estas 13 localidades comparten, gracias a su posición geográfica con respecto a los valles de Luna y Omaña, una dilatada historia, que comienza con antiguos pobladores prerromanos, de los que aún se conservan algunos castros, y otros restos arqueológicos (Canales-La Magdalena).
Cabe destacar que en algunas poblaciones aún perdura este sistema de organización vecinal, mediante el que se regula la vida en común de sus habitantes, así como el reparto y aprovechamiento de los recursos naturales de cada lugar. En 2005, la UNESCO declaró estas tierras parte de la Reserva de la Biosfera de los Valles de Omaña y Luna. Su paisaje está rodeado de montañas donde abundan los bosques de roble, destacando también una frondosa vega a orillas del río Luna.
Asimismo, estas tierras son una verdadera encrucijada de caminos, por los comerciantes, viajeros y correos que han seguido su rumbo. Hacia Babia y Asturias, hacia La Robla, hacia León, hacia la ribera del Órbigo, hacia Omaña y Villablino, o hacia otros destinos más lejanos, a los que en su momento llegaron muchos vecinos de estas tierras de donde una vez partieron soñando con una vida mejor.
Como lugares de interés os indicamos:
La ruta de los caminos de la trashumancia. La ruta comienza en Villayuste. A medida que se avanza, el matorral va dominando el paisaje; después de un breve tramo entre robles, se llega al cordel. Se asciende poco a poco hasta el alto de El Viso, donde comienza el descenso hacia Lago. Posteriormente la ruta se desvía de nuevo a Villayuste, no sin antes pasar por un pequeño valle que separa ambas localidades y en el que existen antiguos molinos de agua.
Las iglesias parroquiales de las 13 localidades en especial la de Irián por sus dimisiones.
La arquitectura rural tradicional, especialmente las casas de teito y centeno que se conservan en Villayuste.
En Canales, el puente sobre el río Luna, obra arquitectónica del siglo XIX y el palacio. Se trata de una casona solariega del siglo XVII de estilo barroco que perteneció a los Condes de Luna.
Los palomares. Aunque sea una arquitectura tradicional de la Tierra de Campos, en las localidades de La Magdalena y Villaceid se conserva alguno.
 
 

La Pola de Gordón, corazón de la montaña central

El concejo de Gordón lo encontramos en la comarca conocida como montaña central, inserta de pleno en el costado meridional de la cordillera Cantábrica. Sus tierras ocupan 157,64 hectáreas de variada configuración: montañas más agrestes y rocosas que abren estrechos valles, y a medida que avanzamos al sur, concluyendo con tierras somontanas, donde se aprecia ya el agotamiento de las últimas estribaciones de la cordillera. Se encuentran estas tierras surcadas de norte a sur por el cauce fluvial del río Bernesga. Además, La Pola de Gordón integra junto con su vecino municipal del norte, Villamanín, la Reserva de la Biosfera del Alto Bernesga.
El municipio lo componen 17 entidades locales, la villa de La Pola, sede del ayuntamiento, la villa de Huergas, y los pueblos de Los Barrios, Beberino, Buiza, Cabornera, Ciñera, Folledo, Geras, Llombera, Nocedo, Paradilla, Peredilla, Santa Lucía, Vega, La Vid y Villasimpliz. El conjunto poblacional se agrupa actualmente, en su mayor parte, sobre tres de las diecisiete localidades: La Pola, Ciñera y Santa Lucía, todas asentadas en el eje viario principal con Asturias. Actualmente el municipio cuenta con una población total de 3488 habitantes (año 2016).
El factor económico predominante históricamente en la zona ha sido la minería y es que, entre las localidades de Santa Lucía y Ciñera se encuentra la empresa minera más antigua de España, la Hullera Vasco Leonesa, fundada en 1893. 
Como elementos culturales y naturales más destacados señalamos:
La ermita del Buen Suceso. En las cercanías de Nocedo se levanta este santuario datado en el siglo XVIII y, es este, el primer monumento religioso del concejo que arquitectónicamente se resuelve con sometimiento al barroco como estilo predominante usando sillería de caliza del país. El edificio está encaramado sobre una planta de cruz latina que presenta una triple cabecera.
Castillo de Gordón. El castillo que bien pudiera haberse levantado, o tal vez reconstruido, en tiempos de Alfonso III el Magno con el fin de consolidar su reino, siendo éste, junto a los de Luna y Alba un baluarte defensivo de primera magnitud contra lo musulmán. El castillo sufre un primer desmantelamiento, tal vez debida a la espontánea voluntad del rey leonés Alfonso IX, para evitar fricciones con el rey de Castilla, hecho que debió de ocurrir hacia el año 1220 para congraciarse con el monarca, su primo, el castellano Alfonso VIII, glorioso vencedor de las Navas.
El forcao. Es este un artilugio de trasporte, peculiar y autóctono, provisto de valores etnográficos. Doña Concha Casado lo define, como: “carro sin ruedas que al caminar se arrastra por el suelo”.
El puente Tornero, situado entre Beberino y La Pola de Gordón. Es indudable que existió desde la dominación romana y probable que los únicos restos que queden de la época sean las dos bóvedas más orientales.
Las iglesias parroquiales de cada localidad, en especial las de Geras, Buiza, Nocedo, La Pola, Los Barrios y Santa Lucía, de diferente siglos y tipologías.
El faedo de Ciñera. Pequeño bosque de hayas que cuenta con uno de los mejores estados de conservación de la Península. Existen leyendas como la de la bruja Haeda; una bruja buena que por hacer el bien se vio destinada a vagar en su espíritu entre los líquenes de este hayedo. El Faedo fue declarado en 2007 el "Bosque mejor cuidado de España", por el Ministerio de Medio Ambiente y la O.N.G "Bosques sin fronteras".
El castillete del pozo Ibarra. Se trata de una estructura metálica de 31,5 metros de altura y 60 toneladas de peso, que se valora como una obra maestra de la ingeniería y un testimonio singular de una época. Consta de una torre en forma de paralelepípedo con cuatro columnas de hierro y dos más de apoyo para compensar la fuerza del tiro de la máquina de extracción. A pesar de que sea Bien de Interés Cultural, su estado de abandono es palpable.
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